sábado, 8 de julio de 2017

Los libros litúrgicos (II): el Ritual Romano

Continuando con la serie dedicada a los libros litúrgicos, hoy corresponde tratar el Ritual Romano (Rituale Romanum). 

Éste es un libro que enseña el orden de las sagradas ceremonias y administración de los sacramentos, los que no se encuentran ni en el Misal ni en el Breviario, aunque algunos están duplicados. Aunque el texto es famoso por su ritual para el exorcismo, en él se hallan asimismo una gran variedad de oraciones y bendiciones. Su nombre proviene de la expresión latina ritus, que significa el orden establecido. 

Su uso se debió a las necesidades pastorales de la Iglesia, especialmente en las parroquias rurales y los monasterios. El clero necesitaba tener a mano una colección de fórmulas para la administración de los sacramentos, de las bendiciones corrientes, las exequias y otras funciones comunes, el que pudiera ser fácilmente transportable. Generalmente, estas fórmulas sacerdotales estaban incluidas en los sacramentarios, pero este libro no podía usarse fácilmente en cualquier lugar dado su volumen. 

Ritual Romano de Pablo V 

Ya en el siglo VII se menciona una especie de libros pequeños con las fórmulas más usuales en la cura de almas, aunque ninguno de estos ejemplares ha llegado hasta nuestros días. Su producción fue bastante numerosa, dándose el caso que en una misma diócesis había varios con una enorme diferencia entre unos y otros. Los primeros rituales para uso monacal aparecen en el siglo XIII y hacia el siglo XIV los primeros para el uso de los sacerdotes seculares. Sin embargo, en manos de los sacerdotes estaban ya con anterioridad los rituales monásticos. Por lo demás, los sínodos diocesanos recomendaba a los sacerdotes proveerse de un manual para la celebración de las funciones ordinarias, quedando a a decisión de cada uno la elección, pues raramente se exigía autorización del ordinario. No resulta extraño imaginar que, con frecuencia, estos pequeños manuales al uso fueron compilados con poco criterio, incluyendo ritos supersticiosos y fórmulas incorrectas.   

Con el fin de dar cierta unidad a estos libros, al menos en el plano diocesano, Anselmo, obispo de Ermland (1250-1277), ordenó redactar una Agenda communis, y otro tanto hizo Enrique I, obispo de Breslau (1302-1319). Después de estos intentos, los demás obispos decidieron tomar medidas similares, y casi todas las diócesis comenzaron a tener su propio libro especial para la administración de sacramentos. Con el paso del tiempo se fue produciendo una cierta armonización entre los distintos rituales locales. En el siglo XVI tuvo mucha aceptación el Sacerdotale, seu Liber sacerdotalis collectus (1523), del dominio Alberto Castellani, un texto a medio camino entre el ritual y el manual de teología sacramental, que recibió la aprobación del papa León X. Samarini, canónico de la Basílica de San Juan de Letrán, compuso otro Sacerdotale sive sacerdotum Thesaurus collectus (1579), sirviéndose mucho de la obra de Castellani. Un gran trabajo de recopilación llevó a cabo el Cardenal Guilio Antonio Santorio (1532-1602), quien trabajó denodadamente en la confección de un ritual por encargo del papa Gregorio XIII. El resultado fue el Rituale sacramentorum romanum (1584), que nunca recibió aprobación por parte de la Sede Apostólica, debido quizá a lo voluminoso. 

Finalmente, el papa Paulo V creó una comisión con el fin de redactar un ritual para toda la Iglesia latina que recopilara de manera oficial los ritos sacramentales y las demás funciones comunes de los sacerdotes. Ella se basó especialmente en la obra de Santorio, aunque no siempre de manera satisfactoriamente, pues muchas veces se evidencia un propósito de abreviar las oraciones y ritos. El producto emanado de dicha comisión fue el ritual aprobado por Paulo V a través de la bula Apostolicae Sedis, de 17 de julio de 1614.  Con todo, y a diferencia de lo que había sucedido con otros libros litúrgicos, el Papa no impuso a las iglesias el uso exclusivo del Ritual romano, y sólo recomendó que se adoptara. Se trató de una medida prudente, pues si bien el ritual de los sacramentos era completamente uniforme en los aspectos sustanciales, sí existían diferencias notables con los libros regionales, cuya supresión podía causar un gran malestar entre los fieles. La Congregación de Ritos precisó más tarde que, pese a esta permisión de los rituales locales, era lícito usar en cualquier lugar y en cualquier celebración el ritual romano, sin importar que el respectivo ritual diocesano existiesen usos propios. 

 Retrato de Paulo V por Caravaggio

El Ritual de Pablo V fue muy bien acogido por los obispos y sacerdotes y contribuyó con eficacia a eliminar los últimos residuos de aquella peligrosa independencia que en el campo litúrgico y devocional había reinado hasta entonces, sobre todo en una época donde la reforma protestante se extendía por Europa y la Iglesia se expandía hacia tierras de misión. Su texto fue objeto de algunas modificaciones, destacando las efectuadas por Benedicto XIV (1752), Pío IX (1872), León XIII (1884), San Pío X (1911), Pío XI (1925) y Pío XII (1952). Con posterioridad fueron apareciendo también rituales bilingües para distintos países, conservándose el latín para algunas pocas fórmulas, generalmente las de carácter sacramental. Es el caso, por ejemplo, del Elenchus rituum ad instar Appendicis ritualis Romani ad usum Americae Latinae (1962), aprobado por el Consejo Episcopal Latinoamericano (véase su texto aquí). En 1962 se aprobó un rito de bautismo para adultos que debía emplearse en los países de misión, el que estaba distribuido en siete etapas diversas.

La estructura de este Ritual según la edición de 1952, que es el que se utiliza en la forma extraordinaria del rito romano, es la siguiente: después de un capítulo inicial que contempla las reglas generales para la administración de los sacramentos, se sucede el tratamiento del Bautismo (capítulo II), la Confirmación (capítulo III), la Penitencia (capítulo IV), la Eucaristía (capítulo V), la Extremaunción (capítulo VI),  con un paréntesis para las Exequias (capítulo VII), y el Matrimonio (capítulo VIII), las diversas bendiciones (capítulo IX), procesiones (capítulo X) y letanías aprobadas (capítulo XI) y, finalmente, el exorcismo de los poseídos por el demonio (capítulo XII) y el cuidado de los libros parroquiales (capítulo XIII). Cierra el ritual un apéndice que contiene los himnos con canto, las bendiciones para los 25 y 50 años de matrimonio, las ediciones propias de algunas diócesis y un complemento sobre el cuidado de los libros parroquiales y de estado de las almas. En España dicho apéndice es el Manuale Toledanum, de origen hispano-mozárabe, cuya primera edición data de 1494.

La Constitución conciliar Sacrosanctum Consilium (1963) ordenó revisar el Ritual romano y publicar libros separados para cada uno de los ritos. Así se fue haciendo en los años sucesivos con cada uno de sus partes: rito del bautismo de niños (1969); rito de la penitencia (1974); rito de la unción de los enfermos (1974); rito de las exequias (1974); rito de la profesión religiosa (1975); rito del matrimonio (1969); rito de la iniciación cristiana de adultos (1978); rito de la Eucaristía, donde se trata de la Comunión fuera de la Misa y el Culto Eucarístico (1978); Bendicional (1987), y Rito de los exorcismos (1999). En 1976 se publicó una nueva versión conjunta del Ritual romano, dividido ahora en dos volúmenes: el primero trata de los sacramentos con excepción del orden y de las exequias, y el segundo se ocupa de la consagración de los altares, de la ordenación de diáconos, presbíteros y obispos, y de la bendición del aceite santo. 

 Ritual romano preconciliar

Para los otros ritos católicos existen libros similares. De esta manera, el rito ambrosiano tenía históricamente su propio ritual (el Rituale Ambrosianum, que después de la reforma posconciliar comenzó a desmembrarse; hasta el momento se han publicado los libros con los ritos de la comunión fuera de la Misa, los sacramentos para los enfermos, el matrimonio y las exequias, debiendo aplicarse el ritual romano en aquellas materias hasta ahora no abordadas); en el rito bizantino las materias del ritual se contienen en el Euchologion, y en el rito armenio existe el Mashdotz con una función similar a la que desempeña el ritual romano.

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