martes, 6 de enero de 2015

La forma tradicional del rito romano y la participatio actuosa de los fieles


Cualquiera que asista habitualmente a la Santa Misa en la forma extraordinaria del rito romano notará de inmediato cómo florecen entre los fieles un reverente sentido de lo sagrado y el fervor eucarístico, así como toda clase de hermosas prácticas de piedad, creciendo constantemente el interés de éstos por formarse, para conocer y comprender mejor la liturgia. Pese a ello, una de las habituales incomprensiones respecto del usus antiquor de parte de aquellos que no están familiarizados con él es la objeción referida a que éste supuestamente haría más difícil la participación activa de los fieles en la liturgia en comparación con el Novus Ordo (tema que tratamos brevemente en una entrada anterior, en lo referente al uso del latín como lengua litúrgica). Es por ello que les ofrecemos a continuación la traducción de un interesante artículo de Peter Kwasniewski, profesor de teología y filosofía en el Wyoming Catholic College y de quien en esta bitácora ya hemos publicado un artículo, que aclara el señalado malentendido.





 
Cómo la Misa Tradicional promueve más participación activa que la Forma Ordinaria*

Peter Kwasniewski

Cuántas veces escuchan los amantes del Rito Romano clásico la objeción: “La Misa nueva es mejor que la antigua porque permite mayor participación activa de los fieles”, o “La Misa antigua simplemente tenía que ser reformada en algún momento, porque el sacerdote era el único que hacía algo, y los fieles eran todos espectadores mudos”. Mi objetivo en este artículo es refutar semejantes asertos y demostrar que lo cierto es precisamente lo contrario.

Participación activa / actual

A aquellos que se toman el tiempo de sentarse y leer Sacrosantum Concilium a menudo les sorprende cuánto de este documento es desconocido, desatendido o contradicho por la práctica católica actual. A menudo hay en ella frases de gran riqueza, pero, sin embargo, el modo en que han sido transformadas en eslóganes ha minado su sentido y profundidad.

La más notoria víctima de este proceso de simplificación periodística ha sido la noción de “participación activa” o participatio actuosa – la cual, de hecho, se traduce mejor como “participación actual”, donde actual tiene el sentido filosófico de entrar realmente en posesión de algo, más que tener una capacidad no realizada para ello. En inglés contemporáneo, “active” (activo) es lo contrario de pasivo o receptivo, mientras que “actual” (actual o efectivo) es lo contrario de potencial. Así, puedo ser actualmente receptivo a la palabra de Dios; puedo estar actualizando plenamente mi capacidad para que en la Misa los cantos, oraciones y ceremonias operen sobre mí, sin que yo haga nada que pueda ser llamado activo (active) en inglés contemporáneo. Como lo explicó San Juan Pablo II en su discurso a los obispos norteamericanos en 1998:

Participación activa ciertamente significa que, en los estos, en la palabra, en la canción y en el servicio todos los miembros de la comunidad toman parte en un acto de adoración, que es cualquier cosa menos inerte o pasivo. La participación activa no excluye, sin embargo, la pasividad activa del silencio, de la quietud y del escuchar: más aún, la exige. Los fieles no son pasivos, por ejemplo, cuando escuchan las lecturas o la homilía, o cuando siguen las oraciones del celebrante, y los cantos y la música de la liturgia. Estas son experiencias de silencio y quietud, pero son por sí mismas profundamente activas. En una cultura que no favorece ni promueve la quietud meditativa, el arte de la escucha interior se aprende sólo con dificultad. Aquí vemos cómo la liturgia, pese a que siempre debe ser debidamente inculturada, debe también ser contracultural. [enlace]  

Si su coro o schola canta cantos del proprio o motetes en la Misa, o si a usted le gustaría ver que esto ocurra algún día, asegúrese de tener este texto de Juan Pablo II a mano para la persona que objeta: “¡Pero la gente tiene que cantarlo todo!”. Dom Alcuin Reid explicó la intención del Concilio muy sucintamente en una entrevista en diciembre pasado [Nota de la Redacción: en diciembre de 2013]:

El Concilio llamó a una participatio actuosa, que es primeramente nuestra conexión interna con la acción litúrgica – con aquello que Jesucristo está haciendo en su Iglesia en los ritos litúrgicos. Esta participación se refiere a dónde están mi mente y mi corazón. Nuestras acciones externas en la liturgia sirven y favorecen esto. Pero participatio actuosa no es primeramente y ante todo actividad externa, o desempeñar un determinado ministerio litúrgico. Esto, desgraciadamente, ha sido un malentendido común de la intención del Concilio. [enlace]

Ahora bien, aun habiendo hecho a un lado el malentendido común sobre “actual”, resulta extremadamente curioso que la expresión completa de Sacrosantum Concilium 14 sea raramente citada: “La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia misma” (en el original: “Valde cupit Mater Ecclesia ut fideles universi ad plenam illam, consciam atque actuosam liturgicarum celebrationum participationem ducantur, quae ab ipsius Liturgiae natura postulatur”). ¿Qué ocurrió con “plena” y “consciente”?




Participación consciente

Exploremos la cuestión más detenidamente. Luego de varias décadas de asistir a la Misa tanto en la Forma Ordinaria (FO) como en la Forma Extraordinaria (FE), ambas celebradas conforme con las rúbricas, he llegado a la convicción que existe paradójicamente una posibilidad mucho mayor de no prestar atención conscientemente a la Misa en lengua vernácula, precisamente debido a su familiaridad: se convierte en una especie de acción refleja, las palabras pueden entrar y salir mientras la mente está muy lejos. La lengua vernácula es nuestra zona de comodidad cotidiana, no nos llama la atención. Ésta es la explicación de por qué cuando nos encontramos en un lugar ajetreado en donde una gran cantidad de personas están hablando, tendemos a no notar siquiera que estén hablando – mientras que, cuando oímos un idioma extranjero distinto de nuestra lengua madre, nuestra atención es súbitamente capturada por éste.

Por supuesto, esta falta de atención puede suceder con cualquier lenguaje: como alguien lo expresó, puedo estar haciendo finanzas en mi cabeza mientras canto el Credo en latín, si lo he estado cantando cada semana por años. Sin embargo, parece evidente que este peligro está menos presente en el usus antiquior por dos motivos:

En primer lugar, por su mismo carácter extranjero, exige algún esfuerzo para adentrarse en él, le exige al fiel una decisión acerca de si desea entrar verdaderamente en él o no. No tiene prácticamente ningún sentido estar sentado allí a menos que se esté dispuesto a hacer algo para participar de la Misa o, al menos, para comenzar a rezar. El uso de un misal diario, muy extendido en las comunidades tradicional, es un medio poderoso de asimilar la mente y el corazón de la Iglesia en la oración y, para mí en lo personal, seguir las oraciones en mi misal ha significado una formación de décadas de mi propia mente y corazón, dándome un sabor de las cosas espirituales, ejemplos de santidad, reglas de ascetismo, aspiraciones y resoluciones. Cuando asisto a la FE, participo siempre de un modo mucho más activo en la Misa, porque hay más por hacer (volveré sobre este punto) y parece mucho más natural usar el misal para ayudarme a hacerlo.




En segundo lugar, la Misa tradicional está tan enfocada en Dios y dirigida hacia su adoración, que para aquel que se encuentra mentalmente atento a lo que está sucediendo, se representan ineluctablemente los sagrados misterios, aunque solo sea en el nivel más simple y fundamental, de reconocer la realidad divina y adorar a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento. Temo decir que no nos queda completamente claro que la mayoría de los católicos que asisten a liturgias en lengua vernácula en la FO se encuentren alguna vez confrontados inequívoca e irresistiblemente con la realidad de Dios y la exigencia de su adoración. O, para ponerlo de otra forma, las formas tradicionales de la liturgia, forman estas inclinaciones en el alma, mientras que las nuevas formas de la liturgia las presuponen. Si no se tiene la comprensión y el estado de ánimo correcto, el Novus Ordo hará muy poco para formarlo, mientras que en la FE los dará o bien dirigirá hacia dicha comprensión y ánimo. Cuando se asiste a la FE, uno se encuentra atraído hacia algo en ella, o desanimado por las exigencias que ésta presenta. De cualquier manera, la tibieza de alma no es una opción.

Plena participación

Ya hablamos suficientemente sobre la participación “consciente” ¿Qué podemos decir sobre la “plena” participación? Nuevamente, por muy sorprendente que pueda resultar en atención a las críticas tendenciosas, la Misa tradicional permite a los fieles una participación más plena en la liturgia, puesto que hay más oportunidades en las cuales participar, sean verbales, no verbales, espirituales y corporales; de hecho, existe un mucho mayor involucramiento corporal, si se siguen las prácticas acostumbradas. Este punto merece una especial atención.

Tanto en la Misa solemne como en la no solemne, uno puede persignarse en ocho ocasiones:
  • Al In nomine Patris…
  • Al Adjutorium nostrum…
  • Al Adjutorium nostrum…
  • Al Indulgentiam…
  • Al Cum Sancto Spiritu (fin del Gloria)
  • Al Et vitam venturi (fin del Credo)
  • Al Benedictus (en el Sanctus)
  • en el Confiteor si se repite en la Comunión y,
  • En la bendición final.
A lo anterior, algunos se persignan al momento de la elevación de la Hostia y del Cáliz. Y por supuesto, la Señal de la Cruz se hace en dos ocasiones, con la lectura del Evangelio y con la lectura del último Evangelio.

Asimismo, un fiel se golpea el pecho en cerca de 15 oportunidades:
  • En tres ocasiones con el mea culpa del Confiteor;
  • En tres ocasiones con el Agnus Dei;
  • En tres ocasiones con el tercer Confiteor (si es que se reza);
  • En tres ocasiones con el Domine non sum dignus;
  • En tres ocasiones con el Salve Regina (O clemens, O dulcis, O pia).
Los católicos tradicionales han aprendido a inclinar levemente la cabeza al momento de escuchar el nombre de Jesús, y durante otros momentos de la liturgia, como cuando pasa el sacerdote en procesión o cuando el turiferario inciensa al pueblo. Asimismo, genuflectan al “Et incarnatus est” del Credo en cualquier época del año, no solo durante la Navidad o la Anunciación, como señala el Novus Ordo. También al momento de la bendición final y al escuchar las palabras “Et verbum caro factum est” (existen asimismo otras momentos en el calendario tradicional donde se invita a los fieles a hacer una genuflexión).


Aunque las posturas de las fieles durante ciertos momentos en la Misa no se encuentran reguladas, como sí sucede en el Novus Ordo, en una misa rezada los fieles permanecerán de rodillas durante largo tiempo (desde el comienzo hasta el Evangelio, y desde el Sanctus hasta el último Evangelio), lo que es una disciplina demandante y que mantiene al fiel verdaderamente consciente de que está en un lugar especialmente santo, tomando parte del sacrificio. En la Misa Mayor dominical habrá múltiples elevaciones, inclinaciones de cabeza, genuflexiones, permanecer de rodillas y también sentados, lo que conjuntamente con la señal de la cruz, los golpes en el pecho, las inclinaciones de cabeza y el canto responsorial, corresponden a aquello que los educadores llaman un ambiente TPR (Respuesta Física Total, en sus siglas en inglés). El fiel se encuentra volcado en cuerpo y alma a la adoración, durante todo momento, algo sucede que mantiene la mente atenta en lo que se está haciendo. La FO ha tendido a abandonar muchos de estos elementos corporales en favor de una mera comprensión auditiva y respuestas verbales, los que, por sí mismos, constituyen una forma empobrecida de participación, y que ciertamente resulta incompleta.

Probablemente lo más distintivo de todo sea el silencio reservado al momento central de la Misa tradicional. En que el sacerdote no lee la Plegaria Eucarística a los fieles, sino que ofrece el Canon silenciosamente a Dios, y siempre ad Orientem. Se facilita rezar las palabras del Canon en unión con el sacerdote, o si uno así lo prefiere, unirse en oración no verbal con el sacrificio. Esto hace al Canon de la misa un momento de mayor intensidad en la plena, consciente y actual participación que con la constante estimulación auricular por la lectura del Canon que se hace en el Novus Ordo.



Una cultura de oración

Una observación del blog The Sensible Bond coincide perfectamente con el análisis precedente:
Uno puede todavía sostener que el nuevo rito es íntegramente católico, y aun así considerar que la cultura de la Forma Extraordinaria, donde se supone que el pueblo permanece pasivo, tiende a enseñar al pueblo a rezar de forma independiente, mientras que la cultura de la Forma Ordinaria a menudo tiende a crear una dinámica en que los fieles en la iglesia meramente conversan entre sí, a menos que sean animados activamente por un ministro.
Lo que hemos visto, en consecuencia, es una conclusión que se opone a la sabiduría convencional. La “activa participación” en la manera que es habitualmente entendida e implementada en el ámbito del Novus Ordo, en realidad genera pasividad, mientras que el católico que recibe en una aparente pasividad todo el contenido que le puede entregar la Misa tradicional está actualizado en mayor medida su potencial de culto a Dios. En consecuencia, si lo que se busca es cumplir con el llamado del Concilio de lograr una completa, consciente y actual participación en la liturgia, no es necesario buscar más allá de la Misa tradicional, donde, con el debido tiempo y esfuerzos, se encontrará una participación mayor que aquella que permite la liturgia reformada.


* El artículo fue publicado originalmente en el sitio New Liturgical Movement. La traducción desde el inglés ha sido realizada por la Redacción, y las fotos son gentileza de los sitios New Liturgical Movement (1 y 4) y Sancte Pater (2 y 3).

Actualización [16 de marzo de 2015 ]: en una artículo complementario, aparecido con esta fecha en el sitio New Liturgical Movement, el autor vuelve sobre el tema de la participatio actuosa, efectuando algunas precisiones sobre el artículo que aquí publicamos y reformulando un párrafo de éste. El segundo artículo puede ser consultado aquí (en inglés).

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